Santiago (Chile).- En el corazón de nuestra galaxia, la Vía Láctea, se ha producido un hallazgo que podría cambiar para siempre la forma en que entendemos la dinámica del espacio profundo.
Un equipo científico internacional, utilizando el potente radiotelescopio ALMA, ha descubierto unas estructuras nunca vistas hasta ahora: filamentos delgados, largos y misteriosos que cruzan la zona molecular central (CMZ) cerca del agujero negro supermasivo Sgr A*.
Esta región, ya conocida por su extrema turbulencia, se revela ahora como aún más compleja y fascinante de lo que se pensaba.
El descubrimiento es el resultado de observaciones de alta resolución realizadas por el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), una de las herramientas astronómicas más poderosas del planeta.
Gracias a su precisión sin precedentes, el equipo liderado por Kai Yang, de la Universidad de Shanghai Jiao Tong, ha logrado multiplicar por cien la nitidez de nuestra visión del centro galáctico. Lo que encontraron fue sorprendente: estructuras filamentosas extremadamente finas, cuya naturaleza y origen siguen siendo un misterio para la ciencia.
Aunque la CMZ siempre ha sido reconocida como una región agitada, donde el polvo y el gas forman y destruyen estructuras en ciclos constantes, hasta ahora no se comprendía bien qué impulsaba este proceso. Los investigadores utilizaron el monóxido de silicio (SiO), una molécula especialmente útil para detectar ondas de choque, como trazador para analizar estos fenómenos.
Al estudiar las líneas de emisión de SiO y otras ocho moléculas, descubrieron filamentos que no encajan con los perfiles tradicionales de gas denso o regiones de formación estelar. De hecho, estos filamentos están alejados de cualquier zona de nacimiento estelar y no presentan signos de estar en equilibrio hidrostático ni de estar asociados al polvo.
Según el propio Yang, los filamentos fueron una sorpresa total. Su equipo observó largas estructuras lineales con velocidades coherentes, pero que no correspondían a los patrones esperados de los flujos de salida estelares. Este descubrimiento fortuito, aunque inesperado, abre una nueva ventana a la comprensión de los procesos internos del centro galáctico.
Uno de los elementos más intrigantes es que los investigadores creen que estos filamentos podrían actuar como «tornados espaciales», en palabras del astrónomo Xing Lu, del Observatorio Astronómico de Shanghái. Estas corrientes violentas de gas no sólo se disipan rápidamente, sino que también redistribuyen eficientemente el material a su alrededor, jugando un papel crucial en el equilibrio dinámico de la CMZ.
La hipótesis más fuerte que maneja el equipo es que los procesos de choque son los responsables de la creación de estos filamentos. Esto se basa en datos sólidos como la clara detección de la transición rotacional SiO 5-4, la presencia de máseres de metanol (CH₃OH) y la abundancia de moléculas orgánicas complejas como CH₃CN y HC₃N. Todo esto sugiere que los filamentos no son estructuras pasivas, sino que forman parte activa del ciclo de la materia galáctica.
Yichen Zhang, otro miembro del equipo de investigación, destaca la importancia de las capacidades técnicas de ALMA para identificar estas estructuras a una escala minúscula de apenas 0,01 pársec. Esta precisión ha permitido ver la «superficie de trabajo» de los choques con un nivel de detalle nunca antes alcanzado.
En términos prácticos, el hallazgo permite conceptualizar un ciclo continuo en la CMZ: primero se producen choques que generan filamentos, liberando SiO y moléculas complejas al espacio. Después, estos filamentos se disipan, esparciendo el material por su entorno. Con el tiempo, las moléculas vuelven a condensarse en granos de polvo, restableciendo el equilibrio del sistema.
Si estos filamentos están presentes en toda la zona molecular central con la misma frecuencia observada en la muestra, podríamos estar ante un mecanismo fundamental del reciclaje galáctico.
Además, se ha establecido que el SiO es hasta ahora la única molécula que permite rastrear de forma exclusiva estos choques. Su transición rotacional SiO 5-4 sólo puede ser detectada en regiones con condiciones específicas de densidad y temperatura, lo que la convierte en una herramienta clave para futuras investigaciones.
El equipo espera que nuevas campañas de observación con ALMA, que incluyan múltiples transiciones del SiO y censos más amplios de la CMZ, así como simulaciones numéricas avanzadas, ayuden a entender mejor la naturaleza exacta de estos filamentos. ¿Son una característica local o una constante del centro galáctico? ¿Cuál es su impacto a largo plazo en la evolución de la Vía Láctea? Estas son las preguntas que ahora desafían a los científicos.
Mientras tanto, este descubrimiento no solo nos brinda un vistazo sin precedentes al corazón de nuestra galaxia, sino que también nos recuerda lo poco que aún sabemos sobre los procesos más profundos del universo. Con cada nueva imagen, ALMA continúa desvelando los secretos del cosmos, uno a uno, filamento a filamento.