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Judy Bin-Nun ha sido voluntaria por 17  años en el Centro Médico de UCLA en Santa Mónica, donde lleva a sus perros de terapia para interactuar con los pacientes a través del programa PAC.

“Sus habilidades para sanar a los pacientes es increíble. A veces logran mejores resultados que los propios humanos, al cambiar el estado de ánimo de los pacientes”, dijo Bin-Nun, quien es psicóloga que atiende a niños, adolescentes y adultos.  

Su trabajo incluye visitar personas moribundas y se dio cuenta del efecto de esas visitas en los pacientes. Es por ello que decidió unirse al programa de los centros médicos de UCLA Nadie debe morir solo (NODA) junto con sus mascotas.

“Pensé que mis perros eran candidatos perfectos”, dijo Bin-Nun. “A ellos y a mi nos  llaman  ‘compañeros compasivos’, que no necesitamos hacer nada en especial, solo estar allí presentes”, añadió.

Nadie debe morir solo

NODA que ofrece compañía a las personas moribundas que no tienen a algún ser querido que los acompañe. El programa fue implementado en UCLA en el 2014 en el Centro Médico de Santa Mónica y luego se extendió al Centro Médico Ronald Reagan.

De acuerdo con Jeannie Meyer, especialista enfermera clínica en Santa Mónica, UCLA atiende a una numerosa población de personas indigentes y de otros lugares que están solos.  

Un programa que no permite a las personas morir solas
NODA incluye perros de terapia en las visitas a los pacientes (Foto: Suministrada)

“Para nuestros pacientes que quizás no tuvieran a alguien con ellos cuando están muriendo, queríamos tener un programa disponible para ellos con voluntarios entrenados que pudieran estar con ellos durante sus horas más vulnerables durante ese periodo”, dijo Meyer.

El programa es el resultado de un esfuerzo conjunto entre el departamento de servicios paliativos, espirituales, trabajo social y voluntarios.

“Fue un esfuerzo colaborativo para cumplir con las necesidades de estos pacientes que no tienen nadie con ellos durante este periodo de tiempo”, dijo Meyer,.

Pero NODA no solo atiende a personas a punto de morir y que están solas. También se extiende el servicio a pacientes que con familiares que los acompañan y que necesitan ausentarse de su lado por alguna razón.  

Un programa que depende de voluntarios

Actualmente NODA cuenta con 59 voluntarios, de los cuales 33 trabajan en forma activa.  

“[NODA] Esta es parte de nuestra misión, la de ofrecer este servicio de cuidado compasivo a través de estos voluntarios que donan parte de su tiempo, que ofrecen sus animales de terapia entrenados, su presencia”, dijo Meyer. “Esto es parte del esfuerzo que nos hace lo que somos”.

Los voluntarios se someten a un entrenamiento extensivo que incluye interacción terapéutica, reconocimiento de dolor y sufrimiento en los pacientes para alertar a los enfermeros. También se les enseña a no juzgar a los pacientes debido a los problemas que pudieran haber tenido en su vida.

Un programa que no permite a las personas morir solas
Judy Bin-Nun es voluntaria en el Centro Médico de UCLA en Santa Mónica junto con su mascota Shepzel (Foto: Suministrada)

“El voluntario debe ser capaz de reunirse con el paciente con un apoyo libre de prejuicios sobre lo que son y la razón por la que están en esas condiciones”, dijo Meyer, destacando que también se les entrena en sensibilidad cultural.

Una vez que culminan el entrenamiento, los voluntarios acompañan en las visitas a otros voluntarios antes de que ellos lo hagan por su propia cuenta. Cada uno de ellos trabaja de acuerdo a sus disponibilidad y no permanecen al lado del paciente más de dos horas en cada visita.

Meyer destacó que los voluntarios que les han hablado sobre su experiencias han dicho que es un poco extenuante pero bastante satisfactoria porque “encuentran paz y consuelo al hacer esto, que realmente se sienten que pueden contribuir en algo”.

 

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