Mujeres en pie de lucha en la industria de animación acaparada por hombres

Ser mujer e hispana son dos pecados para las animadoras, pero ser más que hispana inmigrante, porque al final la industria está aquí

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Mujeres en pie de lucha en la industria de animación acaparada por hombres
Mujeres en pie de lucha en la industria de animación acaparada por hombres La profesora Erica Larsen-Dockray (dcha.) supervisa el trabajo de sus alumnas en una clase de animación experimental en el campus del Instituto de Artes de California (CalArts) hoy, viernes 3 de febrero 2017, en Santa Clarita, California. El instituto de Artes de California (CalArts) está dispuesto a cambiar el mundo de la animación a través de la formación de un mayor número de mujeres para que compitan y luchen por un espacio en una industria diseñada y acaparada por hombres. EFE
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Los Ángeles, 3 feb (EFE).- El instituto de Artes de California (CalArts) está dispuesto a cambiar el mundo de la animación a través de la formación de un mayor número de mujeres para que compitan y luchen por un espacio en una industria diseñada y acaparada por hombres.

Por ello, los esfuerzos para encontrar un lugar para las mujeres en los grandes estudios ha surtido efecto en los últimos años, ya que más jovencitas están inscribiéndose en las escuelas de cine y de animación.

Actualmente, cerca de tres cuartos de los más de 250 estudiantes del programa de animación de CalArts, son mujeres, entre las que se cuentan varias hispanas.

Pero es allí, en la universidad, donde estas estudiantes aprenden que la lucha apenas comienza, y que no es una sino varias las barreras que tendrán que superar.

Por eso, la clase “La mujer animada” de la profesora Erica Larsen-Dockray está ayudando a las futuras animadoras a ser conscientes del reto que les espera.

La realidad de lo que experimentan las mujeres en esta industria billonaria dejó en shock a Ana Pérez López, una inmigrante española que tan sólo asistió al simposio con el que culmina la clase, y que con dos horas escuchando a sus compañeras le bastó para entender el duro camino que le espera.

“Salí del simposio medio enfadada, no puedo creer que estos datos sean reales. Hay 30 largos, y ¿cuántos han sido dirigidos por mujeres?, todo el mundo piensa uno dos, ¡la respuesta era cero!”, explicó López.

Para Larsen-Dockray, el problema no sólo radica en el porcentaje de participación de las mujeres en los grandes proyectos sino en las posiciones que están ocupando.

“Están tratando de traer más comunidades marginalizadas a los estudios, lo cual es grandioso, pero tenemos que prestar atención al por qué tiene que ser respetadas por quienes son y por las voces que traen a la mesa, no porque solo están llenando una cuota”, advirtió.

Aún más, las anécdotas sobre el menosprecio hacia las animadoras sorprende enormemente a Pérez López, que cursa su segundo año de maestría.

“Han hecho declaraciones del tipo, es que si pones a una mujer en un lugar de animación no sale humor sale drama. Vamos estamos en el siglo 21, yo creo que esto estaba superado”, aseveró.

El asombro de la inmigrante española contrasta con el movimiento que en el último mes se ha desatado contra Donald Trump y sus políticas.

“En nuestra clase vemos desde la historia de como se ha visto la mujer hasta lo que está pasando hoy, de como ha sido dibujada la mujer”, indicó Larsen-Dockray.

Al rechazo que sufren las mujeres que quieren escalar en la industria de la animación, se suma un problema más intrínseco y antiguo: los estereotipos con los que se dibujan los personajes femeninos en las películas animadas, ellas tienen que ser hermosas.

A sus 20 años, Jude Erica Estrada aprendió sobre como se ha encasillado a las mujeres en un determinado cuerpo con cinturas, con narices pequeñas, color de piel e incluso se les ha callado su voz porque no se les permite hablar.

En su proyecto final de clase, la hispana, de ascendencia mexicana y puertorriqueña, encontró que muy pocas de las multimillonarias películas y programas de televisión animados que ve el público cumplen con tres requisitos sobre las mujeres: que dos mujeres tengan nombre propio, que dos o más mujeres hablen entre sí y que el tema del que hablan no sea sobre los hombres.

En sus investigaciones, Estrada entendió que el problema se agudiza cuando el personaje femenino es latino.

No obstante, esta comunidad encontró en esta jovencita una defensora. “Yo quiero hacer la diferencia, yo no quiero hacer películas de mujeres que limpian la casa o que nunca hablan y todo el tiempo está con la bebé”, sostuvo.

La titánica lucha de esta nueva generación de animadoras, docentes y de universidades como CalArts también es contra el público que está acostumbrado a los estándares impuestos por la industria.

“Mucho de este contenido realmente es consumido desde la niñez, lo que afecta como piensan, entonces ¿qué se supone que tengo que hacer si soy una niña y este personaje me dice que tengo que poner una máscara en mi cara? ¿qué pasa si eso no es lo que yo quiero hacer?”, se preguntó Larsen-Dockray.

En los últimos años, el avance de la tecnología y de la industria de animación ha sido vertiginoso en términos de ganancia y de posiciones de trabajo, ya que tres de las películas más taquilleras del año pasado fueron animadas: “Finding Dory”, “Zootopia” y “The Secret Life of Pets”.

Y mientras la industria de la animación avanza creciendo, muchas hispanas, apoyadas por maestros como Larsen-Dockray e instituciones como CalArts (una de las universidades más importante de Estados Unidos), toman el reto de ganar una posición en esta industria.

Estrada tiene un propósito claro y quiere que sus personajes latinas tengan un trabajo, que sean felices y que no todo el tiempo hablen de los hombres.

Entretanto, Pérez López está dispuesta a emprender una lucha aún más difícil y complicada.
Ser mujer e hispana son dos pecados para las animadoras, pero ser más que hispana inmigrante, porque al final la industria está aquí“, sentenció.

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